En la década de los 50 y principios de los 60, un portero brasileño protagonizo uno de los hechos mas insólitos de la historia balompedica.
Carlos José Castilho jugó en el Fluminense la friolera de 696, dejando su portería a cero en 255 de ellos, record no superado en su club hasta el momento. Sus grandes reflejos enseguida le colocaron como un guardameta de renombre en el panorama futbolístico. Apodado “Leiteria” (persona con suerte) y fue el titular indiscutible en el equipo brasileño.

Dos semanas después Castilho reaparecía con nueve dedos pero su equipo gano el campeonato.
La siguiente temporada, además de titular indiscutible, paro seis penaltis y se convirtió en leyenda. Tanto es así que el Fluminense (el equipo de su vida) le dedico un busto en 2007 a la entrada de su sede social a modo de agradecimiento.
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