
Corrían los años 80 cuando en vísperas de una remodelación del estadio Maracaná, el administrador le regalo a Barbosa la portería al completo del fatídico gol que condeno a los brasileños. Antes de comprobar si se trataba de un gesto afectuoso o de alguna otra coña (se las hicieron de todos los colores al pobre), llevo a su casa a los pocos amigos que le quedaban y sin mas miramientos le prendió fuego a los postes, todavía pintados de blanco, para así hacer un pequeño exorcismo y librarse de aquella portería que trajo por la calle de la amargura toda su vida. Luego remato la faena con una buena barbacoa.
Aun tiene alguna anécdota más:
Pasados "tan sólo" 44 años del Mundial 1950 Moacyr Barbosa, arquero brasileño durante el torneo, ya viviendo de favor en la casa de una cuñada y sin más ingresos que una jubilación miserable, fue a la concentración de Brasil a brindarles aliento y a desearles suerte a los jugadores que se preparaban para el Mundial de EE.UU. 1994. Pero esto no le fue posible, las autoridades le prohibieron la entrada: no sea cosa que traiga mala suerte.
Como veis este hombre estuvo sufriendo hasta el final de sus días el gol maldito que condeno a Brasil a perder un Mundial en su casa.
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